Psicoanalíticas psicodinámicas

Autores: A. Bordallo Aragón y A. Plaza Torres
Coordinador: F. Rivas Guerrero, Málaga

La introducción a cualquier corriente del pensamiento es una labor difícil. Se corre el riesgo de que para hacerla inteligible se falseen los datos o, por el contrario, nos ciñamos totalmente a la teoría, la hagamos incomprensible y no consigamos nuestro objetivo. Valgan estas palabras para dar una idea de la dificultad que supone sistematizar en pocas páginas una corriente de pensamiento que además de ejercer gran influencia sobre el pensamiento psiquiátrico, ha constituido un verdadero hecho social que no sólo cubre el espacio que le es propio, el inconsciente, sino que puede extenderse a otras parcelas de saber de nuestra época (sociología, antropología cultural, historia, arte, lingüística, etc.).

El mismo Freud a lo largo de su vida realiza diferentes intentos de sistematización del método psicoanalítico («El método psicoanalítico de Freud» (1914), «Lecciones introductorias al psicoanálisis» (1916), «A propósito de un análisis profano» (1926), «Las nuevas lecciones introductorias» (1933), «Compendio de psicoanálisis» (1940). La secuencia de temas propuestos por Freud como un principio que guie la introducción a los elementos principales del psicoanálisis es la siguiente: el sueño, el inconsciente, la vida instintiva y sexual, la estructura de la personalidad, los mecanismos de defensa y la formación de síntomas (1).

Este será, en general, el esquema que seguiremos para la realización de la primera parte de este capítulo, dedicando la segunda al estudio de las corrientes psicoanalíticas surgidas del psicoanálisis clásico.

Para entender la importancia del paradigma psicoanalitico-psicodinámico en el pensamiento psiquiátrico actual basta citar a Alexander: «la corriente dinámica en psiquiatría, es el resultado del impacto de la teoría, el método, la investigación y la terapia psicoanalítica sobre la psiquiatría en su conjunto. Esencialmente, esta tendencia puede ser definida como el progreso de la investigación psiquiátrica desde una etapa descriptiva a una explicativa» (2).

Muchas han sido las críticas y discrepancias hacia el psicoanálisis, tanto desde dentro como desde fuera del propio psicoanálisis; quizá una de las más polémicas es si el psicoanálisis es o no un saber científico. Sin embargo, si definimos el saber científico en función de un objeto, un conjunto de teorías, una práctica y una técnica, el psicoanálisis sería un saber que tiende a inscribirse en el ámbito de los saberes científicos y en consecuencia constaría, desde un punto de vista formal, de:

  • un objeto específico: el inconsciente y sus efectos (sueños, lapsus,…),
  • ­ un conjunto de teorías (repetición, pulsión, narcisismo…) tendentes a dar cuenta de dicho objeto específico,
  • ­ una práctica: la cura psicoanalítica,
  • ­ una técnica: el método psicoanalítico (asociación libre, atención flotante, interpretación…) (3).

De cualquier forma, y al margen de la discusión sobre la cientificidad o no del psicoanálisis, la mayoría de los autores encuentran un antes y un después de éste en relación con la enfermedad mental, lo que, sin dudas, constituiría una de sus aportaciones fundamentales.

Aspectos históricos y fundacionales

La relación cuerpo-alma ya había sido tratada en la Edad Antigua (Grecia y Roma) y posteriormente en la Edad Media por los árabes, siendo estos los transmisores del pensamiento griego a Occidente.

La Edad Media europea supone una época de rigidez y retroceso en el desarrollo de los saberes y conocimientos tanto del cuerpo como del alma. Los enfermos mentales fueron considerados como poseídos, brujos, etc… Hay que esperar al siglo XVIII para que algunos autores retomen la dualidad cuerpo-alma; entre ellos destaca A. Mesmer (1734-1815) quien desarrolló la idea del «magnetismo planetario», según el cual, las enfermedades mentales son consecuencia del desequilibrio de unos supuestos fluidos magnéticos universales. Las concepciones de Mesmer fueron extendiéndose rápidamente, sobre todo desde los trabajos del inglés J. Braid (1795-1860), quien formuló la práctica de la hipnosis con fines terapeúticos; posteriormente ésta fue recogida en Francia por Liebeault (1823-1904) quien convirtió su consultorio rural de Nancy en el más importante centro mundial de investigación del hipnotismo (4).

La escuela de Nancy, dirigida por Liebeault y Bernheim (1837-1919), se ocupó de la finalidad terapéutica de la hipnosis. Bernheim pone cada vez más énfasis en la «sugestión», en el sentido de como una mente, la del hipnotizador, actúa con un método sobre una mente supuestamente patológica. Sostenía que los síntomas histéricos eran el resultado de un estado de autosugestión similar a la hipnosis (origen psicogenético de la histeria).

Charcot (1825-1893), en la misma época, pero en la Salpetriere de Paris, sostenía que la hipnosis era algo específico de la histeria; la hipnosis no era un método curador, sino en sí mismo una neurosis. Desde su formación neurológica postuló que la histeria era una deficiencia neurológica congénita que la hipnosis podía activar, de ahí la posibilidad de curar, si no la histeria, sí sus síntomas. Durante su estancia en Francia (1886), Freud se interesó por las investigaciones sobre la histeria y la hipnosis de Charcot (4,5,6).

Otra figura importante para Freud fue Breuer, el cual utiliza el hipnotismo, no para que el paciente olvide, sino para que exponga sus pensamientos. Anna O, la paciente de Breuer, lo llamaba «la cura de hablar». Esta era la base de la técnica catártica de Breuer, entendida como método de psicoterapia en el que el efecto terapeútico buscado consiste en una descarga adecuada de los afectos patógenos (7). En 1882, cuando Breuer le comunica sus descubrimientos sobre el caso de Anna O, Freud quedó impresionado por sus descripciones. La técnica catártica le descubre a Freud algo sorprendente, la disociación de la conciencia. Breuer postuló que la causa de este fenómeno era el estado hipnoide (estado de conciencia análogo al que produce la hipnosis; durante él los contenidos de conciencia que aparecen, apenas entran en conexión asociativa con el resto de la vida mental; Breuer ve en él, el fenómeno constitutivo de la histeria) (7). El uso de la hipnosis para conseguir la catarsis psíquica, y así llegar a los procesos psíquicos de los que el paciente no tiene conciencia, fue la base de lo que posteriormente llegó a ser el psicoanálisis

Freud y Breuer trabajaron juntos y expusieron sus descubrimientos en 1895 con la publicación del primer estudio sobre la histeria; en ella explican la histeria como el resultado de experiencias traumáticas, generalmente de naturaleza sexual. Los histéricos sufren a causa de reminiscencias inconscientes, cuyo recuerdo resulta inaceptable para el yo consciente del paciente. La colaboración de Breuer duró poco tiempo, éste parecía discrepar con Freud por el creciente reconocimiento de la sexualidad en la etiología de la neurosis.

Otra figura importante en la obra de Freud fue un otorrinolaringólogo de Berlin al que conoce en 1893, W. Fliess, con el que mantuvo una importante correspondencia que registra los orígenes del psicoanálisis.

Desde un punto de vista cronológico, y en función de la temática en la que Freud centra su atención, podemos diferenciar cuatro periodos en su obra:

­ Etapa del método catártico (1880-1895) o prehistoria del psicoanálisis (referida anteriormente).

­ La época dorada (1895-1905); época inicial del psicoanálisis propiamente dicho y caracterizada por los fulgurantes éxitos terapeúticos (por ejemplo, los casos que aparecen en los estudios sobre la histeria (8), o en la narración que hace E. Jones del tratamiento breve que siguió Freud con Gustav Mahler)(9).

­ El surgimiento de las resistencias: tras la brevedad de la etapa anterior el inconsciente empieza a mostrarse rebelde a la intervención psicoanalítica. Freud ya había tenido experiencias de ello (por ejemplo, en el caso Dora) (10), empezando a plantearse la cuestión de qué es lo que en el inconsciente resiste a la cura y qué aspectos de la técnica psicoanalítica favorecen la irrupción de las resistencias. Así, en el periodo de transición publica dos trabajos de título y contenido significativo «Sobre psicoterapia» (1904) y «Psicoterapia (Tratamiento por el espíritu)» (1905), en los que, además de plantear la ruptura con el método de la sugestión-hipnosis, plantea el psicoanálisis como una psicoterapia.

4. El inconsciente como lenguaje: en un trabajo de 1905, señalado anteriormente ­»Psicoterapia (Tratamiento por el espíritu)»­ plantea Freud que la psicoterapia es el tratamiento del alma (psique=alma) por medio de la palabra. Sin embargo, no hay en Freud, en sentido estricto, una reflexión de por qué las palabras actúan sobre el síntoma, aunque bien es verdad que, en su tiempo, al no existir todavía una ciencia del lenguaje, Freud, para intentar dar cuenta de este hecho, tiene que hacer uso de los saberes dominantes en su época (la fisiología, la neuroanatomía, la epistemología kantiana, etc…) (11).

Aspectos teórico-clásicos

Teoría de los sueños

Freud publica en 1900 «La interpretación de los sueños»; en esta obra propone la teoría de que los sueños son la expresión consciente de una fantasia inconsciente; o dicho de otra forma, los sueños serían una manifestación normal de los procesos inconscientes (por ello su análisis pondría de manifiesto este material inconsciente). Así, en los sueños se podrían distinguir dos tipos de contenido: el latente y el manifiesto. El primero estaría constituído por los pensamientos y deseos inconscientes del sujeto, mientras que el segundo sería la narracion-descripción que el propio soñante realiza de este material onírico latente. La elaboración del sueño es la operación mental inconsciente por la cual el contenido latente se transforma en el manifiesto, o en palabras del propio Freud: «El proceso de la conversión del contenido latente en manifiesto lo denominaremos elaboración del sueño (Traumarbeit), siendo el análisis la labor contraria que ya conocemos y que lleva a cabo la transformación opuesta». Freud pretendió pasar del contenido manifiesto del sueño al latente por medio de la exploración asociativa (análisis de los sueños).

Introduciéndonos algo más en el proceso de elaboración onírica vemos que los deseos e impulsos reprimidos tendrían que asociarse a imágenes neutrales o inocentes extraídas de vivencias del sujeto, de las vísperas de sus días previos, para pasar así el filtro del censor del sueño (por ello se produce la selección de imágenes triviales o aparentemente sin sentido). En este proceso intervendrían distintos mecanismos que formarían la gramática del sueño y, en general, del inconsciente y de todas sus formaciones (síntomas, lapsus, actos fallidos, sueños). El primero de estos mecanismos sería la condensación (Verdichtung), que consiste en que una representación única representa por sí sola varias cadenas asociativas, en la interacción de las cuales se encuentra. Por tanto desde un punto de vista económico, esta representación («multirepresentativa») estaría sobrecargada de energía, fruto del sumatorio de la energía de las diferentes cadenas asociativas (7). A este mecanismo llegó Freud tras observar que el número de elementos de representación del contenido manifiesto era siempre inferior al de las ideas latentes; generalmente se halla representada una idea por más de un elemento. Este mecanismo de condensación, junto con la dramatización (transformación de una idea en una situación) y el desplazamiento serían para Freud los caracteres más importantes y a la vez peculiares de la elaboración del sueño (12).

En cuanto al desplazamiento (Traumverschiebung) consistente en que el acento, el interés, la intensidad de una representación puede desprenderse de ésta para pasar a otras representaciones originalmente poco intensas, incluso anodinas, aunque ligadas a la primera por una cadena asociativa (7), Freud señalaba: «durante la elaboración del sueño pasa la intensidad psíquica desde las ideas y representaciones, a las que pertenece justificadamente, a otras que, a mi juicio, no tienen derecho alguno a tal acentuación».

Este factor estaría presente en mayor medida cuanto más oscuro y confuso sea el sueño. Uno de sus efectos sería el hecho de que en lugar de la impresión justificadamente estimulante, sea lo indiferente lo que le haga hacerse admitir con el contenido del sueño.

Estos mecanismos descritos constituyeron para Freud un tipo de pensamiento al que denominó proceso primario (inconsciente); a su vez también consideró que una parte razonable y madura del yo trabajaba durante el proceso del sueño para organizar los aspectos primitivos de éste de una forma de alguna manera racional. Este proceso sería la elaboración secundaria (consciente) (13,14).

Teoría del aparato psíquico

Los primeros intentos de Freud para explicar el funcionamiento mental los encontramos durante su etapa neurológica, en su intento de construir una «psicología científica» que culminó con su obra «Proyecto de una psicología para neurólogos» (15).

Modelo topográfico (Primera Tópica Freudiana)
El «Proyecto de una psicología para neurólogos» (1895) y «La interpretación de los sueños» (1900) constituyen el inicio de la psicología freudiana. Freud considera que lo que tiene lugar en la consciencia es sólo una parte de la vida mental humana. Lo que sucede «detras» de ella, en otro lugar (inconsciente) y que emerge bajo la forma de síntomas patológicos es curiosamente tan irracional, deformado, condensado y responde a la misma lógica que los fenómenos de la vida onírica. La interpretación psicoanalítica de los sueños puede explicar esta deformación onírica y traducir el contenido latente del sueño en contenido manifiesto. Por consiguiente, a partir de esta época Freud considera los sueños como actos psíquicos completos (y vía regia de acceso al inconsciente) y método de interpretación; es decir paradigma metodológico de interpretación de todas las demás formaciones del inconsciente. De esta forma desarrolla un modelo explicativo del aparato psíquico: «la primera tópica».

En palabras del propio Freud «…un acto psíquico pasa generalmente por dos estados o fases, entre las cuales se intercala un especie de examen (censura). En la primera fase es inconsciente y pertenece a este sistema. Si al ser examinado por la censura es rechazado, le será negado el pase a la segunda fase; lo calificamos de reprimido y tendrá que permanecer inconsciente; pero si triunfa del examen pasará a la segunda fase y pertenecerá al segundo sistema, o sea al que hemos convenido en llamar sistema consciente. No es todavía consciente, pero capaz de consciencia […] y atendiendo a esta capacidad de consciencia damos también al sistema consciente el nombre de preconsciente […]. Nos bastará retener que el sistema preconsciente comparte las cualidades del sistema consciente y que la severa censura ejerce sus funciones en el paso desde el inconsciente al preconsciente (o consciente)» («Lo inconsciente», 1915).

En este párrafo tenemos los elementos diferenciales de la primera tópica freudiana:

­ El inconsciente: entendido como contenidos o procesos mentales, que no son capaces de alcanzar la consciencia por la actuación de la fuerza de la censura o represión. Estos contenidos inconscientes serían representaciones impulsivas (deseos), que serían amenazantes o inaceptables para el individuo, que estarían constantemente luchando por descargarse en la conducta o en los procesos del pensamiento, y que se organizarían fundamentalmente en base a impulsos o deseos infantiles (concepto dinámico de inconsciente).

­ La consciencia: es un fenómeno subjetivo cuyo contenido puede comunicarse sólo por medio del lenguaje de la conducta. Atiende a las reglas de la razón y la lógica (proceso secundario); Freud lo consideró estrechamente asociado al preconsciente.

­ El preconsciente: este sistema, consiste en contenidos mentales capaces de alcanzar la consciencia mediante el acto de centrar la atención. Se trataría de contenidos mentales que se hacen conscientes de forma fácil y en condiciones muy frecuentes (por aumento de la catexis mediante la atención). No estaría presente desde la infancia sino que se desarrollaría durante ésta. Una de sus funciones, sería mantener una barrera represiva (censura) de deseos inconscientes que sólo podrían alcanzar la consciencia a través de este sistema.
Esta tópica psíquica no tiene nada que ver con la anatomía, refiriéndose a regiones del aparato anímico, cualquiera que sea el lugar que ocupen en el cuerpo y no a localidades anatómicas («Lo inconsciente», 1915) (16).

Muy influenciado por su formación neurológica, Freud concibe el funcionamiento de este modelo como una especie de arco reflejo que constaría de tres regiones, una sensorial-perceptiva (que recibe las impresiones), la intermedia sería el almacén de los recuerdos inconscientes y la tercera región, la motora, produciría la descarga instintiva (estaría asociada con el preconsciente). En condiciones normales la energía mental asociada con las ideas inconscientes busca descarga, desplazándose del terminal perceptivo al motor (estado de vigilia). En condiciones especiales como el sueño, la dirección se invierte y la energía se desplaza entonces del terminal motor al perceptivo («La interpretación de los sueños», 1900) (13).

Freud da a este sistema inconsciente una serie de cualidades específicas al estar asociado con los procesos del pensamiento primario. El proceso primario tiene como objetivo la satisfación de los deseos y la descarga pulsional, no sigue conexiones lógicas permitiendo la existencia simultánea de contradicciones, no reconoce negativas (ausencia de negación), carece de noción del tiempo (atemporalidad) y se representan los deseos como satisfacciones (17).

Modelo estructural (Segunda Tópica Freudiana)
La teoría topográfica fue un modelo de transición en el pensamiento de Freud; pronto se mostró inadecuada para explicar el amplio espectro de datos clínicos. La segunda tópica (modelo estructural) fue formulada en la obra «El Yo y el Ello» en 1923. En este modelo distinguió tres entidades en el aparato psíquico: el ello, el yo y el superyó.

El ello constituye el polo pulsional de la personalidad. Sus contenidos ­expresión psíquica de las pulsiones­ en parte hereditarios e innatos, en parte reprimidos y adquiridos, son inconscientes. Desde el punto de vista económico formaría el reservorio primario de la energía psíquica; mientras que desde el punto de vista dinámico entraría en conflicto con el yo y el superyó, que genéticamente constituirían diferenciaciones de aquel.

El yo, desde una perspectiva tópica, se encuentra en relación de dependencia, tanto respecto a las reivindicaciones del ello como a los imperativos del superyó y a las exigencias de la realidad. Dinámicamente, el yo representa en el conflicto neurótico el polo defensivo de la personalidad, siendo el encargado de poner en marcha los mecanismos de defensa. Desde un punto de vista económico aparecería como un factor de ligazón de los procesos psíquicos.

La función del superyó es comparable a la de un juez o censor con respecto al yo. Freud considera la conciencia moral, la auto-observación, y la formación de ideales como funciones del superyó. Clásicamente se define como el heredero del complejo de Edipo y se formaría por interiorización de las exigencias y prohibiciones parentales (7,18,19).

Teoría de las pulsiones

Freud da acepciones claramente diferentes a los términos instinto y pulsión. Cuando habla de Instinkt es para calificar un comportamiento animal fijado por la herencia, estructurado rígidamente en torno a un objeto específico, y característico de cada especie. Mientras que la pulsión (Trieb) sería un proceso dinámico consistente en un impulso que hace tender a un sujeto hacia un fin; tendría su origen en una excitación corporal, siendo su fin suprimir el estado de tensión que reina en la fuente pulsional; gracias al objeto (inespecífico) puede ésta alcanzar su fin (7).

A pesar de estas definiciones también en este tema tuvo Freud un cambio de visión a lo largo de los años. Inicialmente Freud habló sobre la existencia de dos instintos básicos, a los que llamó «instinto del yo» o instinto de autoconservación e instinto sexual o «libido», este postulado queda bien completo en 1910 cuando publica «Formulaciones sobre los dos principios del funcionamiento psíquico» donde podemos decir que se recoge esta primera teoría pulsional o de los instintos (profundizó en ella en 1915 con «Las pulsiones y sus destinos»). Sin embargo esta distinción introdujo una serie de poblemas a nivel teórico, el primero aparece cuando se reconoce la existencia de la sexualidad infantil, puesto que este hecho demostraría que existen pulsiones sexuales cuyo fin sería la autoconservación. A esta fase de desarrollo de la pulsión sexual (libido) la denomina Freud narcisismo. Obviamente, al reconocer que el primer objeto de amor era uno mismo (libido narcisista), no se podía ver clara la diferencia entre los dos tipos de instintos antes postulados. Por ésta y otras razones, Freud era consciente de la fragilidad de su teoría de las pulsiones. Sin embargo, hasta 1920, tras postular la existencia de otro tipo de pulsión, la de muerte, Freud no reelabora su vieja teoría pulsional. Esta reelaboración se va a concretar en la obra «Más allá del principio del placer» (1920), donde introduce un nuevo concepto dualista de las pulsiones: vida y muerte (eros y tanatos). Freud escribe al respecto: «Tras largas vacilaciones nos hemos decidido a aceptar sólo dos instintos básicos [pulsiones]: el eros y el instinto de destrucción (la antítesis entre los instintos de autoconservación y de conservación de la especie, así como aquella entre el amor y odio y el amor objetal, caen todavía dentro de los límites del eros). El primero de dichos instintos básicos persigue el fin de establecer y conservar unidades cada vez mayores, es decir, a la unión; el instinto de destrucción, por el contrario, busca la disolución de las conexiones, destruyendo así las cosas» (20).

Dentro de esta teoría de las pulsiones habría que encuadrar una serie de postulados teóricos de una importancia fundamental en el desarrollo de la obra de Freud. Serían principalmente estos tres:

Sexualidad infantil y fases del desarrollo psicosexual

Respecto a este tema Freud llevó a cabo una serie de observaciones fundamentales. La primera fue el describir la existencia de sexualidad desde poco después del nacimiento (hasta entonces sólo se entendía la sexualidad a partir de la pubertad); él explica esto mediante su creencia de un arranque bifásico de la sexualidad con una etapa intermedia de latencia. Freud hace una descripción marcada de las etapas del desarrollo psicosexual y a la vez relaciona estas etapas con el desarrollo sano o patológico del sujeto (según se superen estas etapas). Serían las siguientes:

Oral

Abarcaría el primer año de vida. La boca sería el primer órgano que aparecería como zona erógena y que plantea la necesidad de exigencias de tipo libidinal, en el sentido en que la tensión y la descarga pulsional se manifestarían en ella. Por un lado, la boca es el lugar por donde se consigue la autoconservación pero también es el lugar que sirve al niño para alcanzar una serie de gratificaciones.

Anal o sádico-anal

En ella las satisfacciones se buscan en las agresiones y en las funciones excretorias. Esta etapa suele durar hasta el tercer año.

Fálica

Dura del tercer al sexto año y es central dentro del desarrollo psicosexual porque nos va a definir el tipo de sexualidad adulta que se va a adoptar. En esta fase, la sexualidad infantil precoz llega a su punto máximo, y a partir de aquí inicia su declive. Hay que recordar que también es en este período cuando el niño hace su pase por el Edipo; este término fue tomado por Freud de la mitología griega, y se refiere al deseo de la muerte del rival o progenitor del mismo sexo y el deseo sexual hacia el progenitor del sexo contrario. Hay que resaltar el que sólo intervenga el órgano genital masculino; ésto se va a deber a la presunción universal sobre la existencia del pene. Por ello el paso por esta etapa va a ser totalmente distinto según el sexo del niño. Por ejemplo la disolución de este problema en el niño pasaría por la identificación con el padre, mientras en la niña, después de un intento fracasado de emular al varón debería llegar a reconocer su falta de pene.

Latencia

Dura hasta la llegada de la pubertad, en ella se llevarían a cabo procesos fundamentalmente de socialización.

Genital

Es la reaparición de los impulsos sexuales bajo el predominio de los órganos genitales (21).

Esto es una división totalmente teórica, ya que Freud se ocupó principalmente de las tres primeras, y en relación a ellas dijo: «sería erróneo suponer que estas tres fases se suceden simplemente; por el contrario, una se agrega a la otra, se superponen, coexisten». A raíz de la existencia de estas fases y en íntima relación con la patología Freud describe el término de fijación; la regresión tambien estaría intimamente relacionada con este tema. Entendidos estos términos dentro de un proceso psíquico que comporta un desarrollo, la regresión consistiría en un retorno en sentido inverso a partir de un punto ya alcanzado hasta otro situado anteriormente, mientras que la fijación sería el estancamiento en una etapa del desarrollo libidinal.

Concepto de narcisismo

El narcisismo ocupa un lugar central en el desarrollo de la teoría psicoanalítica. El interés de Freud por este concepto comenzó en 1909, pero no es hasta 1914 cuando publica el primer trabajo sobre el tema en un artículo llamado «On Narcissism».

El que Freud tomara este término (acuñado haciendo referencia al mito clásico de Narciso) significó aceptar la existencia de una conexión libidinal dirigida hacia el propio yo (catexis del yo). Esto rompía esencialmente el dualismo básico de la teoría del instinto que se basaba en la distinción entre los instintos sexuales libidinales y los instintos autoconservadores del yo (tal como se ha señalado al tratar la Teoría de las pulsiones).

Al principio (1908), y estudiando los casos de demencia precoz (dementia praecox), Freud observó que la libido tendía a rehuir a las otras personas y a interiorizarse; en 1914 llega a la conclusión que esta libido separada de los objetos externos se une al yo del paciente y esta unión sería la responsable de las condiciones delirantes megalomaniacas de estos pacientes. Pero Freud también observó que el narcisismo no estaba limitado a estos pacientes, también estaba en los neuróticos y en sujetos normales. Como ejemplos de estos citó: la hipocondría, la melancolía, el sueño, las perversiones, la homosexualidad y en el niño pequeño.

Las observaciones sobre el narcisismo en la conducta de los niños pequeños le reportó a Freud datos sobre la función del narcisismo en el desarrollo. A raíz de esto postuló un estado de narcisismo primario existente ya en el nacimiento; este estado era una construcción hipotética de Freud y por esto último ha sido puesto en cuestión en los últimos años. Freud consideró que el recien nacido era completamente narcisista, estando sus energías libidinales dedicadas completamente a la satisfacción de sus necesidades fisiológicas. La libido investida en el niño por si mismo fue llamada por Freud libido narcisista o del yo; posteriormente el niño dirige esta libido hacia la madre, siendo llamada entonces libido objetal. El cambio en estas relaciones de objeto va siempre aparejadas al cambio hacia esta libido objetal desde la libido narcisista. A pesar de que en la edad adulta la dominante es la objetal siempre queda alguna dosis de la narcisista, siendo esta necesaria para el mantenimiento de un sentido de bienestar y de autoestima.

Freud observó una serie de situaciones en que la libido podía retirarse de su conexión de los objetos y volverse a investir en el yo. Esta nueva investidura libidinal del yo fue llamado por Freud narcisismo secundario, en contraposición al narcisismo primario.
Con esto hemos visto como en la obra de Freud el término narcisismo es planteado desde dos puntos de vista: por un lado tiene que ver con el autoconcentramiento del sujeto sobre sí mismo y la despreocupación con respecto al objeto y, por otro lado como valoración propia y autoestima. No obstante, con «La introducción al narcisismo» (1914) aparece una nueva dimensión de la teoría freudiana, reestructurándose toda esta teoría. Pero a su vez la doble visión del narcisismo ha hecho que hasta hoy en día hayan aparecido diferentes concepciones sobre el mismo. Para algunos autores el narcisismo es siempre negativo (en el sentido de génesis de lo patológico), mientras que otros lo consideran normal, en el sentido de que es una posición de extrema importancia para el crecimiento psicológico del individuo (22).

Principio del placer y principio de realidad

Son los principios por los que se rige el funcionamiento mental. Por el principio de placer, la actividad psíquica tendría por finalidad evitar el displacer y conseguir el placer. El principio de realidad sería regulador del anterior: la búsqueda de la satisfacción aplaza sus resultados en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior.

Freud escribe en 1911 un artículo breve pero de gran valor, «Los dos principios del suceder psíquico». En este artículo plantea que la Humanidad ha pasado de buscar ciegamente el placer y la satisfacción de los instintos hasta adquirir capacidad para reconocer las características y los factores que van a conformar la realidad. A partir de aquí Freud hace una analogía con lo que tiene que hacer cada ser humano para lograr un desarrollo armonioso; para ello el sujeto durante su infancia tendría que pasar desde un sistema primario donde la búsqueda del placer fuera lo fundamental y además esto se llevara a cabo en el sistema inconsciente, a un segundo sistema que sería el consciente (en el que se adquirirían las funciones propias de éste: funciones cognitivas); ese paso se llevaría a cabo gracias a un proceso de adaptación del aparato psíquico donde se vería principalmente involucrado el yo. De alguna manera podríamos decir que el principio de realidad se sitúa en el yo y opera gracias a las funciones del proceso secundario, mientras que el principio del placer opera con las del proceso primario comportándose por tanto de una manera totalmente impulsiva.

Freud con respecto al paso de un principio a otro comenta: «la sustitución del principio del placer por el de realidad no implica un abandono del principio del placer, sino su salvaguarda. Se renuncia a un placer momentáneo, de resultados inciertos, pero sólo para obtener por el camino nuevo un placer ulterior garantizado» (20).

Psicopatología freudiana: Teoría de las psicosis y de las neurosis

Desde un punto de vista teórico-práctico, Freud trabajó principalmente con cuadros neuróticos, interesándose por las psicosis en contadas ocasiones, y generalmente desde un punto de vista teórico. Así intentó evidenciar cuales eran los factores comunes entre ambas patologías y cuales eran las diferencias. Curiosamente, consideró que el origen de ambas era el mismo: la frustración de la satisfacción pulsional; la diferencia estaría en íntima relación con esa frustración que la realidad nos depara; es decir, con el constructo con el que se constituye el deseo.

En efecto, en su artículo «Neurosis y psicosis» (1924), considera que la diferencia estaría centrada no tanto en que en la psicosis la frustración del deseo se vivencie como intolerable, y que esto conlleve la ruptura de la relación con la realidad, sino que el psicótico se va a replegar hacia el ello (creando así el sujeto, de esta fuente pulsional, una neo-realidad sustitutoria de la realidad intolerable) y la formación de los síntomas se va a deber a esto último. En cuanto a las posibilidades terapeúticas del psicótico, Freud no creyó adecuado el análisis para este tipo de pacientes, dado que carecerían de las funciones necesarias para que el análisis se pudiera llevar a cabo.

En cuanto a la teoría de las neurosis podríamos decir que la base estaría en la existencia de un conflicto entre las pulsiones o instintos y la realidad, produciéndose una sustitución de la realidad por la fantasía (mientras que el psicótico reviste al ello de una nueva realidad). Si el conflicto no se resuelve la represión u otros mecanismos de defensa se encargan de mantener alejados de la consciencia a los deseos o instintos conflictivos; pero este mundo inconsciente siempre encuentra las vías para aparecer en el mundo consciente, y normalmente lo hace en forma de síntomas. Y el que se forme uno u otro tipo de neurosis va a estar siempre muy en relación con el paso del sujeto por las distintas etapas del desarollo psicosexual como vimos anteriormente (23).

Corrientes psicodinámicas

A partir de Freud se han ido formando distintas escuelas psicodinámicas. Dada la gran cantidad de escuelas existentes y ante la imposibilidad de tratar cada una de ellas, con el rigor que se merecen, nos vamos a limitar al estudio de tres de las corrientes más significativas así como de las aportaciones que realizan a la corriente psicoanalítica en general, para luego hacer un pequeño resumen de la obra de otros grandes autores dentro del psicoanálisis.

M. Klein: Las relaciones objetales

Las aportaciones de esta autora (1882-1960) son de gran importancia para el movimiento psicoanalítico actual, ya que encabeza una de las grandes corrientes del momento.

Podemos resumir sus aportaciones de la siguiente forma:

Aportaciones técnicas

En cuanto al análisis de niños descubrió que con la «técnica del juego» creada por ella, podía tener acceso a las fantasías inconscientes del niño, en la misma forma que la «asociación libre» en los adultos. Fue la pionera del análisis de niños.

Aportaciones teóricas

Postula la existencia de dos etapas fundamentales en la evolución infantil, a las que se refiere con el término de «posiciones». Estas posiciones no implicarían únicamente una fase transitoria, sino una configuración de las relaciones objetales (modo de relación del sujeto con su mundo; es el resultado complejo y total de una determinada organización de la personalidad y de unos tipos de defensa predominantes), persistente a lo largo de la vida. Diferencia dos posiciones (que pueden considerarse subdivisiones de la etapa oral). La posición esquizo-paranoide ocuparía los 3-4 primeros meses de vida; en ella el bebé no diferencia personas sino objetos parciales; en esta posición hay un predominio de la ansiedad paranoide y los procesos de escisión. Después estaría la posición depresiva que ocuparía cronológicamente la segunda mitad del primer año; en ella el niño reconoce los objetos totales, y se caracteriza por la ansiedad depresiva, los sentimientos de culpa y el predominio de la ambivalencia y la integración.

­ El descubrimiento del edipo precoz (primer trimestre de la vida), determinado por pulsiones pregenitales.

­ La formación precoz del yo y del superyó.

­ El surgimiento de la angustia desde el nacimiento y el funcionamiento de los mecanismos de defensa más primitivos (disociación, identificación proyectiva, omnipotencia, negación…) que estarían implicados en la génesis de las distintas posiciones.

Sus conceptos crearon importantes diferencias con las teorías psicoanalíticas clásicas, sobre todo en la cronología del desarrollo y las características del mundo interno (24).

J. Lacan: La lingüística del inconsciente

El francés J. Lacan (1901-1981), es otra de las figuras emblemáticas del movimiento psicoanalítico actual.

Su obra fue un intento de retomar a Freud, aplicando al psicoanálisis la lingüística estructural de Levi-Strauss, Jakobson y Saussure.

En 1950 dimite de la «Asociación Psicoanalítica Internacional» y funda su propia escuela, «La Escuela Freudiana de París». Las ideas centrales de su obra las podemos resumir de la siguiente forma:
­ El inconsciente está estructurado como un lenguaje. El lenguaje es un sistema de símbolos, los cuales cobran significado sólo en relación con los demás siguiendo una estructura determinada. El síntoma se transforma en signo o símbolo de este lenguaje. La tarea analítica será interpretar el texto simbólico.

­ La distinción entre significante (lo que decimos) y significado (representación mental de lo que decimos). Su relación no es fija; dependerá del contexto el que le demos un significado u otro.

­ El hablar implica fundamentalmente dos tipos de operaciones: operaciones metafóricas (relaciones de similitud y sustitución de una palabra con las restantes) y operaciones metonímicas (relaciones de contigüidad y conexión). La condensación de Freud se convierte así en metáfora y el desplazamiento en metonimia (ambos en el sentido que les da Lacan). El inconsciente sería la articulación de los significantes según las leyes de la metáfora y la metonimia.

­ Relacionado con sus cuestiones teóricas aparecen innovaciones en el campo de la cura psicoanalítica. Lacan habla de atravesamiento o construcción del fantasma como objetivo de la curación analítica, que como otras de sus aportaciones sobrepasarían el objeto de este trabajo (25,26).

Psicología del yo

Freud empieza a estudiar el yo en 1914 a raíz del artículo «On Narcisism», publicando en 1923 su primer trabajo importante sobre el tema («El yo y el ello»). A partir de ese momento podemos empezar a considerar el psicoanálisis como una psicología del yo. A partir de aquí se inicia el estudio de las funciones yoicas, siendo los primeros autores que se dedicaron a esto A. Freud, Lowestein, Rapaport, etc… Todos estos van a ir abriendo el camino a la aparición de la psicología del yo, cuyo representante principal va a ser H. Hartmann.

Esta corriente ha contribuido al desarrollo de importantes temas psicoanalíticos como son el narcisismo, los procesos defensivos, la técnica analítica, etc… Además ha contribuido a convertir al psicoanálisis en una psicología general.

Hartmann publicó en 1939 su libro «Ego Psychology and the Problem of Adaptation». En él, considera que en el yo existen un grupo de funciones independientes del ello; serían las funciones cognitivas que constituirían el área de autonomía primaria.

Otros conceptos que aporta esta psicología serían: «regresión al servicio del yo» (término propuesto por Kris), «alianza terapéutica» (Zetzel) y «alianza de trabajo» (Greenson).
Como derivada de esta corriente estaría la psicología del self, postulada principalemente por Kohut, autor fundamental en la concepción actual de los trastornos narcisistas de la personalidad. (27)

Otros autores

  • K.Abraham: su principal contribución va a consistir en el estudio de la formación del carácter.
  • A.Adler: es el fundador de la llamada «Psicología individual», expuesta en su obra «El carácter nervioso». Toda su teoría gira en torno a una serie de conceptos: inferioridad de órgano, protesta masculina, complejo de inferioridad, estilo de vida, etc…
  • F. Alexander: introdujo los conceptos de análisis de vector, especificidad y exceso de energía (descargado a través de la enfermedad).
  • A. Freud: investiga los procesos del yo tal como se revelan a través de los mecanismos de defensa. Dentro de los mecanismos subrayó la represión, la cual estaría en la base de las neurosis.
  • E. Fromm: se dedicó al estudio de los tipos de carácter, describiendo cinco tipos principales.
  • K. Horney: considera que los factores culturales son de gran importancia en la génesis de las neurosis; desafió la universalidad del complejo de Edipo.
  • C.G. Jung: su escuela fue conocida como «Psicología analítica»; parte de las teorías de Freud para ir separándose posteriormente de él. El motivo primario de las discrepancias fue la crítica por parte de Jung del énfasis que ponía Freud en la sexualidad infantil. Sus teorías se basan sobre todo en los siguientes conceptos: energía psíquica, inconsciente colectivo, la persona, el ánima, la individuación, etc…
  • H.S. Sullivan: fue el fundador de la «Psiquiatría interpersonal»; en su obra considera que el objeto de estudio no debe ser el individuo sino una situación interpersonal en un momento dado. Para este autor el hombre es un ser social, y por ello la terapia debe ir encaminada a una orientación constructiva de las relaciones interpersonales.

Ya para terminar, citaremos a otros autores destacados: Allport, Bion, Fairbairn, Ferenczi, Kernberg, Lewin, Meyer, Rado, Rank, Reich, etc (12).

Bibliografía

1.­ Freud S. Los textos fundamentales del psicoanálisis. 1.ª ed. Barcelona, Altaya, 1993.
2.­ Alexander F, Ross H. Psiquiatría dinámica. 4.ª ed. Buenos Aires, Paidos, 1979.
3.­ Rivas Guerrero JF. Psicoanálisis y ciencia. Rev Asoc Esp Neuropsiquiat, 1990; 35: 555-565.
4.­ Etchegoyen R. Los fundamentos de la técnica psicoanalítica.1.ª ed. Buenos Aires, Amorrortu, 1988.
5.­ Anguera Domenjo B, Giménez Segura MC. Fundamentos de la psicoterapia psicoanalítica: primeros pasos. En: Manual de técnicas de psicoterapia. Un enfoque psicoanalítico. Ed. Siglo XXI. Avila Espada A, Poch i Bullich J. 1.ª ed. Madrid, 1994:91-126.
6.­ Stewart RL. El psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica. En: Tratado de Psiquiatría. Ed. Masson-Salvat Medicina. Kaplan HI, Sadock J. 2.ª ed. Barcelona, 1992:1326-1359.
7.­ Laplanche J, Pontalis JB. Diccionario de Psicoanálisis. 2.ª ed. Barcelona, Labor, 1994.
8.­ Freud S. Estudios sobre la histeria. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:39-168.
9.­ Jones E. Freud.1.ª ed. Barcelona, Barna, 1984.
10.­ Freud S. Análisis fragmentario de una histeria (Caso Dora). En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:933-1002.
11.­ Rivas Guerrero JF. La psicoterapia ¿otro producto más del mercado de las técnicas psicológicas?. Rev Asociac Desarrollo Terap Analit, 1990:21-34.
12.­ Kaplan H, Sadock BJ, Grebb JA. Kaplan and Sadock’s Synopsis of psychiatry. 7.ª ed. Baltimore, Williams & Wilkins, 1994.
13.­ Freud S. La interpretación de los sueños. En: Sigmund Freud Obras Completas. Bilioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:349-754.
14.­ Freud S. Compendio de Psicoanálisis. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:3379-3418.
15.­ Freud S. Proyecto de una psicología para neurólogos. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:209-276.
16.­ Freud S. Lo inconsciente. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:2061-2082.
17.­ Meissner WW. Teoría de la personalidad y psicopatología, psicoanálisis clásico. En: Tratado de Psiquiatría. Ed Masson-Salvat. Kaplan HI, Sadock BJ. 2.ª ed. Barcelona, 1992:339-414.
18.­ Freud S. El yo y el ello. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:2701-2728.
19.­ Freud S. Análisis profano. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:2911-2959.
20.­ Freud S. Más allá del principio del placer. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:2508-2541.
21.­ Freud S. Tres ensayos para una teoría sexual. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:1169-1283.
22.­ Freud S. Introducción al narcisismo. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:2017-2033.
23.­ Freud S. Neurosis y psicosis. En: Sigmund Freud Obras Completas. Biblioteca Nueva. 2.ª ed. Madrid, 1987:2742-2744.
24.­ Grinberg L, Klein M, Segal H. Melanie Klein Obras Completas. 1.ª ed. Buenos Aires, Paidos,1980.
25.­ Marini M. Lacan: Itinerario de su obra. 1.ª ed. Buenos Aires, Nueva Visión, 1989.
26.­ Moreno Mitjana B.Teorías del mundo interno y del conflicto intrapsíquico (IV): Jacques Lacan. Los planteamientos sobre la «cura». En: Manual de técnicas de psicoterapia. Un enfoque psicoanalítico. Ed Siglo XXI. Avila Espada A, Poch i Bullich J. 1.ª ed. Madrid, 1994:197-212.
37.­ Ingelmo Fernández J, Ramos Fuentes MI, Muñoz Rodríguez F. Teorías del mundo interno y del conflicto intrapsíquico (III): La psicología del yo y sus perspectivas recientes. En: Manual de técnicas de psicoterapia. Un enfoque psicoanalítico. Ed. Siglo XXI. Avila Espada A, Poch i Bullich J. 1.ª ed. Madrid, 1994:163-196.

Bibliografía recomendada

Freud S. Obras completas (nueve tomos). 2.ª ed. Madrid, Biblioteca Nueva, 1987.
Para entender cualquier teoría hay que buscarla en sus fuentes, por eso esta obra es de suma importancia para todos los iniciados en el mundo del psicoanálisis; también imprescindible en la biblioteca de las personas que se inicien en el mundo de la psiquiatría, ya que a pesar de las críticas que hoy día recibe esta escuela, las aportaciones del psicoanálisis al campo de la psiquiatría no debieran ser ignoradas por ningún aspirante a convertirse en psiquiatra. En castellano tenemos una de las mejores traducciones de la obra de Freud, que en su tiempo recibió el visto bueno por parte del mismo autor.

Lapanche J, Pontalis JB. Diccionario de Psicoanálisis. 2.ª ed. Barcelona, Labor, 1994.
De orientación amplia, y con términos tomados de las distintas escuelas psicoanalíticas, este diccionario es de fácil uso y puede resolver problemas conceptuales sobre las distintas acepciones psicoanalíticas, incluso a personas poco introducidas en el tema.

Alexander F, Ross H. Psiquiatría dinámica. 4.ª ed. Buenos Aires, Paidos, 1979.
Obra clásica en nuestros días; en ella se realiza un acercamiento a la psiquiatría desde el psicoanálisis abordando tanto los aspectos clínicos como los terapeúticos.

Mackinnon RA, Michels R. Psiquiatría clínica aplicada. 1.ª ed. México, Interamericana, 1984.
Parecida a la anterior, pero con un enfoque mucho más práctico y dirigido más hacia la terapéutica. Lectura más fácil y amena que la obra de Alexander.

Avila Espada A, Poch i Bullich J. Manual de técnicas de psicoterapia. Un enfoque psicoanalítico. 1.ª ed. Madrid, Siglo XXI, 1994.
Reciente obra que traduce un buen intento de acercarse hacia la psicoterapia psicoanalítica desde un encuadre histórico y abordando las distintas escuelas existentes hoy día.Otro punto destacable es él que esté realizada por autores españoles. Lectura fácil, aunque de contenidos profundos.

Grimberg L, Klein M, Segal H. Melanie Klein Obras Completas. 1.ª ed. Buenos Aires, Paidos, 1980.
Importante por ser la fuente original de donde se nutren las distintas escuelas de orientación kleiniana; también de interés para los estudiosos de la patología infantil desde una orientación psicoanalítica. Su lectura requiere estar familiarizado con los temas tratados.

Etchegoyen R. Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. 1.ª ed. Buenos Aires, Amorrortu, 1988.
Interesante acercamiento a la técnica psicoanalítica, aunque también sería necesaria una cierta familiarización para una adecuada lectura. Original en castellano.

Lacan J. Escritos. 17.ª ed. Madrid, Siglo XXI, 1994.
Al igual que las obras de Freud y Klein, esta recopilación de temas tratados por Lacan resulta imprescindible para los que quieran profundizar en el estudio del psicoanálisis contemporáneo y sus corrientes.

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